Apuntes de la GLFE

A la búsqueda del símbolo

Barcelona, 2 de febrero de 2022

A lo largo de este año 2022, la Gran Logia Femenina de España se propone hacer periódicamente unas pequeñas reflexiones acerca de los distintos símbolos que son (re)conocidos por todo el mundo, aunque pertenezcan a una u otra tradición.

La filósofa francesa Marie-Madeleine Davy (13/09 1903-1/11/1998), estudiosa del simbolismo y de la Edad Media, especialmente del siglo XII, explica la simbología sobre todo en el románico, aunque es extensible a otros estilos artísticos y a otros ámbitos, tanto paganos como religiosos, como una forma de acercarse al conocimiento de la realidad espiritual. Dice: “(…) El símbolo instruye y encamina hacia el conocimiento, ya que es un alimento espiritual.”

Desde el despertar de nuestra conciencia como seres humanos, hemos simbolizado la realidad, empezando por el lenguaje. Cuando pusimos nombre a las cosas, a los animales, a todo lo visible, e incluso a lo invisible, lo que hacíamos era simbolizar, para poder anclarnos en la realidad, para poder comprenderla, con el objetivo de mejorar nuestra vida. Con el tiempo, los símbolos representaron la evolución del pensamiento y la ética humana, colocándonos en un lugar privilegiado entre los seres vivientes, al hacer del ser humano alguien con capacidad de pensar y, por tanto, evitar el mal y hacer el bien.

Los símbolos son explicativos de la realidad, pero también constituyen las distintas realidades y su conocimiento nos aporta saber acerca de nuestro propio ser y del mundo. En la GLFE comenzaremos esta búsqueda del sentido y la realidad pensando sobre el propio símbolo de la búsqueda.

Conocida en todas las culturas, se produce tanto en el ámbito religioso, por ejemplo, la Búsqueda del Santo Grial, como en el artístico en general, tanto en forma de tesoro, una nueva tierra, un objeto de poder, el perdón por los pecados, etc., pero en todos los casos se dan una serie de características generales.

La búsqueda, como podemos comprobar  por ejemplo en  Viaje al centro de la Tierra, de nuestro hermano Julio Verne, la realizan una serie de personas con distintas capacidades y actitudes; cuentan con una especie de jefe de expedición que posee o interpreta un plano, un fragmento de libro, unas vagas indicaciones orales…; sufren vicisitudes extraordinarias y se someten a pruebas a veces superiores a sus fuerzas y, sobre todo, logren o no logren su objetivo, el hecho es que cuando regresan se ha producido un importante cambio interior en ellos.

No hay que ser una persona especialmente cultivada para que se produzca la inquietud, la necesidad de perfeccionamiento personal que lleva a la búsqueda. A lo largo de la historia son conocidas, y reconocidas, muchas hermandades fundadas con ese objetivo de la búsqueda de lo que nos permite ser seres humanos en los que lo importante no es lo que se tiene, sino lo que se es. En las que lo fundamental son los valores, las virtudes, las ideas, como libertad, igualdad, fraternidad, que han hecho mejor a nuestra sociedad, y que estos conceptos constituyan una realidad vivida y no solo teórica.

No es preciso hacer el Camino de Santiago, aunque es un buen ejemplo de búsqueda, para buscar y encontrar lo que da sentido, en esta nuestra sociedad, tan necesitada de él.

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