Francasoneria y Cábala

Reflexionando sobre el concepto del mal


La masonería es una Orden Internacional que tiene como seña de identidad la
discreción, lo que no impide que se sepa casi todo de ella, al estar prácticamente todo
disponible en internet.
Sin embargo, algunas relaciones, como las de la Masonería con la Cábala, que es
importante, pasa desapercibida para el público en general, que desconoce totalmente
este dato, porque los contenidos de una y otra se inscriben en el pensamiento general y
se perciben como racionales, sin más.
Pongamos como ejemplo el concepto del mal, tal y como lo explica Hannah Arendt en
su libro más conocido y más polémico “Eichmann en Jerusalén”, que lleva el subtítulo
“La banalidad del mal”.
Hannah Arendt explica en qué consiste el mal, quién lo hace y cómo se tolera. En este
libro, que surgió de unas crónicas que escribió como enviada del New Yorker a
Jerusalén para cubrir el proceso de Eichmann, asegura que el comportamiento de
Eichmann, no es profundamente maligno, es banal, aunque no normal o común.
Según ella: “Eichmann, sencillamente no supo jamás lo que se hacía”. Explica cómo
cualquier individuo, gris y mediocre, es capaz de las mayores atrocidades, porque su
incapacidad de pensar es lo que provoca el mal. Según la filósofa, el mal no es radical,
es inconsciente, solo el bien es radical y consciente. Hoy sabemos que las torturas son
realizadas por funcionarios, y que, aunque algunos de ellos sean perversos y sádicos, en
principio no lo son, simplemente “cumplen con su trabajo”.
El pensamiento no tiene que ver con la capacidad intelectual o con los conocimientos
académicos, científicos, técnicos, artísticos, sino que consiste en el diálogo interior que
mantenemos y que nos hace rechazar aquello que va contra lo que somos en realidad, y
eso es lo que nos impide convivir con una asesina, si no lo somos y si no queremos
serlo.
El pensamiento totalitario impide el verdadero pensamiento, da consignas, que son
repetidas hasta la saciedad, con frases igualmente estereotipadas que pasan a ser
interiorizadas por los individuos sin cuestionar lo que significan en la práctica.
Y aquí entra la Cábala. En efecto, si se analiza el Árbol de la Vida, vemos como el
perverso, el malo, ha roto su relación con Kéter, no ha podido pasar el Tejom, cae en el
abismo, en el sinsentido. Es capaz de matar, torturar, ejercer un daño atroz
insensiblemente, porque desconoce el sentido de su vida y el objetivo de su alma, es

decir, cuál es la tarea que debe realizar en este mundo, y, por tanto, no puede
comprender a quienes le rodean.
La francmasonería es una escuela de fraternidad, en la que nos educamos siguiendo los
principios de libertad, igualdad y fraternidad, y además aprendemos que todo el mal que
infligimos a cualquier ser, nos perjudica a toda la humanidad, y que cada persona debe
intentar mejorar personalmente para beneficiar a toda la humanidad, igual que en la
Cábala, en la que todas las personas debemos hacer el Tikún, la rectificación de
nuestros desequilibrios para lograr el Tikún Olam, la rectificación de toda la
humanidad.

Arendt, Hannah, Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, Trad.
C. Ribalta, Lumen, 2ª edición, Barcelona 1999.