Nightingale nació el 12 de mayo de 1820 en Florencia. Creció en un
ambiente rico y culto con una educación excepcional para una mujer
de su tiempo, pues dominaba idiomas, matemáticas y cultivaba la
lectura científica. Desde muy pequeña sintió una clara vocación:
quería dedicar su vida a cuidar enfermos, una decisión que su familia
no comprendía ni compartía, porque la enfermería era un trabajo
muy poco valorado socialmente.
Con los años, Nightingale se formó en instituciones sanitarias de
Europa, sobre todo en Kaiserswerth, Alemania, donde obtuvo el título
de enfermera. Entonces eran estudios básicos, pero ella comenzaba
ya a construir su núcleo principal de ideas de su modo de concebir la
enfermería: el cuidado no es sólo compasión, también es
organización, higiene, disciplina y conocimiento.
Nightingale es conocida, sobre todo, por el trabajo realizado en la
guerra de Crimea que enfrentó a Rusia con Turquía. Los ingleses
ayudaron a Turquía contra los invasores rusos en los años 1853-1856.

Las noticias que llegaban sobre las condiciones de los soldados
heridos y enfermos eran terribles, la mayoría no morían por las
heridas de guerra, sino por infecciones, epidemias y falta total de
higiene.
En 1854, Florence Nightingale fue enviada por el gobierno británico
con un grupo de enfermeras al hospital militar de Scutari (hoy en día
Üsküdar, en Estambul, Turquía) a donde enviaban a los soldados
británicos heridos. Al llegar se encontró con un escenario devastador:
hospitales sucios y saturados, agua contaminada, mucha suciedad en
ropas y camas, parásitos, falta total de material médico y de
alimentos adecuados, además de una organización caótica.
Comenzó a poner orden primero con medidas higiénicas y esto
supuso un gran cambio. Además, ideó y aplicó una reforma radical
que hoy en día nos parecería lo más normal del mundo, pero que en
aquel momento resultaba revolucionario.
Las medidas implantadas fueron las siguientes: limpieza sistemática
de las salas, los pasadizos y el material; lavado de la ropa y cambio
de las sábanas regularmente; ventilación y control del aire
enrarecido; mejor gestión del agua y el drenaje; orden en la cocina y
en la alimentación de los pacientes; control de la sobresaturación y,
siempre que fuera posible, separación de enfermos; y organización
del trabajo de enfermería con rutinas y responsabilidades claras.
Estas medidas redujeron drásticamente la mortalidad hospitalaria
atacando el problema real más urgente y necesario, es decir, las
infecciones y las condiciones insalubres de los hospitales.
Se la conoce como “la dama de la luz”. En Scutari, Florence se ganó
el sobrenombre mítico de: “The Lady with the Lamp” porque hacía
rondas nocturnas con un farolillo, revisando a los soldados y
asegurándose de que no era menester ninguna ayuda. Su imagen dio
la vuelta al mundo y la convirtió en un símbolo de cuidados y
humanidad.
Cuando regresó a Inglaterra siguió trabajando e hizo algo muy
importante y moderno: demostró con estadísticas que la mayoría de
las muertes eran evitables, utilizando gráficos y datos para convencer
a gobiernos e instituciones de que la sanidad debía cambiar. Así se
convirtió en pionera de la salud pública y de la importancia de la
gestión sanitaria basada en la evidencia.
En 1860 fundó la escuela de enfermería “Nightingale Training School
for Nurses”, en el hospital Saint Thomas de Londres, con lo que la
enfermería se profesionalizó y constituyó como formación académica,
con normas, ética y disciplina. Desde este momento, la figura de la
enfermera deja de ser vista como una trabajadora improvisada y
pasa a ser una profesional esencial.
Nightingale vivió muchos años con problemas de salud
probablemente derivados del enorme esfuerzo realizado y de las
enfermedades contraídas durante la guerra. A pesar de ello, siguió
escribiendo y asesorando nuevas reformas en el ámbito sanitario.
Murió el 13 de agosto de 1910 a los 90 años.
Su legado es inmenso: estableció las bases de la enfermería
moderna, demostró que la higiene salva vidas, impulsó la salud
pública, utilizó la estadística para cambiar políticas sanitarias y
dignificó el cuidado como ciencia y vocación.
Desde la Gran Logia Femenina de España, queremos resaltar su
figura, dar a conocer su legado y recordar que, por esta razón, se
eligió el 12 de mayo, día de su nacimiento, como Día Internacional
de la Enfermería.