La primera mujer con doctorado universitario

Nacida en Venecia el 5 de junio de 1646, su madre era una campesina pobre,
pero en realidad fue la tercera hija de un acomodado procurador, Giovanni
Battista, que llegó a ser el tesorero de la basílica de San Marcos. Al ser hija
ilegítima según las leyes venecianas, no tenía derecho a ningún privilegio noble,
pero su inteligencia le sirvió para abrirse camino en la vida.
Siendo aún una niña, ya destacó por su inteligencia y un sacerdote amigo de la
familia recomendó a su padre que estudiara latín y griego con distinguidos
profesores particulares. La pequeña Cornaro aprovechó tanto el tiempo que a
los siete años los hablaba con fluidez, así que se decantó después por el
hebreo, el español, el francés y el árabe. A los 14 años realizó voto de castidad
en secreto y rechazó todos los intentos de su padre por casarla.
Tres años más tarde, a los 17, ya era una virtuosa de instrumentos como el arpa, el
clavicémbalo y el violín, además de ser una reconocida compositora y
concertista, aunque su mayor anhelo y aspiración, además del conocimiento,
era la caridad.
En 1665 Elena tomó los hábitos de la orden oblata benedictina, sin convertirse
en monja por la negativa de su padre. Desde ese momento, quedó unida para
siempre a todo lo religioso y espiritual.
Fue su padre quien la animó a estudiar en la Universidad de Padua tras superar
un momento delicado de salud, y ella misma reconocía en sus cartas que el
cambio de aires y los estudios la fortalecían.
En dicha Universidad, llegó a ser una de las personas más influyentes de la
época. En 1677 Cornaro mantuvo un debate filosófico, ante toda la Universidad,
gran parte del senado de Venecia y muchos ciudadanos venecianos,
enfrentándose a las personalidades más respetadas e ilustres de la época y
dejándolos sin palabras. Animada por su conocimiento y por el favor popular,
quiso obtener el doctorado en Teología, pero le fue negado por la Iglesia y no le
quedó más remedio que intentarlo con el de Filosofía.
Tal fue la expectación de su examen que tuvo que trasladarse del salón de
actos de la Universidad de Padua a la Catedral, su exposición sobre El Análisis y
la Física de Aristóteles, en latín clásico, fue tan brillante que lo que iba a ser
una votación secreta se transformó en una ovación pública y Elena Cornaro se
convirtió en la primera mujer de la historia en recibir un doctorado universitario.
El profesor Rinaldini le entregó la insignia de doctora y el libro de filosofía, le
colocó la corona de laurel en la cabeza, el anillo en su dedo y la muceta de
armiño sobre sus hombros. Esta tradicional escena universitaria está plasmada
en la Ventana Cornaro, ubicada en el ala oeste de la Biblioteca Thompson
Memorial de la Universidad Vassar en New York.
A la edad de 32 años, se convirtió, de esta manera, en la primera mujer con un
doctorado universitario. Hasta su prematura muerte, ocurrida a los 38 años,
víctima de tuberculosis, se dedicó a la enseñanza de matemáticas en la
Universidad de Padua a estudiantes de toda Europa, al estudio y a la caridad al
ingresar en la orden benedictina, aunque apenas se conservan escritos suyos
de esta etapa docente. A pesar de su juventud había adquirido suficiente
reconocimiento internacional como para ser recordada por su amor al
conocimiento y a la divulgación.
Recibió sepultura en la Basílica de Santa Giustina de Padua y, como homenaje a
su labor, le realizaron servicios funerarios en Venecia, Padua, Siena y Roma. Los
escasos escritos suyos que se conservan fueron publicados en 1688 y son,
principalmente, discursos académicos, traducciones y tratados religiosos.