Oh, Mediterráneo, como dice el poeta Joan Manuel Serrat,
“Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya
Y amontonado en tu arena
Tengo amor, juegos y penas.”
Nosotras como pertenecientes a la gran logia femenina de España,
como quien enciende una lámpara en la noche antigua,
queremos hablar de un mar que no es solo agua,
sino espejo del alma humana:
el Mediterráneo.
Ese mar que parece eterno,
ha sido desde el origen un “gran templo abierto”,
una inmensa logia sin columnas visibles,
donde los pueblos han celebrado la iniciación del mundo.
El Mediterráneo es cuna de culturas,
crisol de conocimientos,
altar donde la historia depositó sus símbolos, y donde nuestros dioses y mitos
danzaron.
Por sus aguas navegaron los fenicios,
maestros del viaje y del intercambio,
que llevaron el alfabeto como una antorcha
de costa en costa.
Por sus horizontes caminaron los griegos,
buscadores incansables de la verdad,
que preguntaron al universo
y aprendieron a pensar en libertad.
Y sobre sus olas avanzaron los romanos,
constructores de caminos,
para recordarnos que el mundo no se divide,
sino que se enlaza.
Todos ellos recorrieron el Occidente
para mostrarnos una enseñanza esencial:
que somos iguales bajo el mismo cielo,
que podemos ser libres en nuestros viajes,
que respiramos el mismo aire
y compartimos el mismo mar
para jugar, para soñar, para vivir.
Es un puente líquido de fraternidad,
un espacio donde cada puerto es hogar para llegar.
y cada ola una palabra antigua que repite:
“no estamos solas”.
Hagamos, pues, que ese mar que nos une
sea el puente de la libertad.
Hagamos que el aire que respiramos
sea el mismo que nos iguala.
Que nuestras manos unidas,
más allá de lenguas, banderas o fronteras,
formen la cadena invisible
de una fraternidad mediterránea.
Somos hijas e hijos de ancestros navegantes,
de pueblos que nos mostraron el camino
no con armas,
sino con conocimiento,
con comercio,
con arte,
con pensamiento.
Hoy, como masonas y masones,
herederos y herederas de constructores,
no debemos permitir que el Mediterráneo sea solo recuerdo
o frontera de dolor.
Debe ser nuevamente templo,
y nosotras y nosotros sus obreros para la paz y el dialogo.
Construyámoslo con justicia.