
Un Jardín lleno de símbolos conocido también como Jardines Victoria. En la
descripción que aparece en la resolución de 2003 del Gobierno de Canarias por
la que se incoa expediente de declaración de BIC, se dice que «los Jardines
Victoria constituyen un ejemplo singular de jardín simbólico, único en Canarias
y España».
Los Jardines Victoria se extienden sobre siete terrazas escalonadas, conectadas
por caminos de gravilla y adornadas con fuentes, plantas y flores. El mausoleo,
ubicado en la parte más alta del jardín, es una construcción de mármol blanco
con elementos arquitectónicos y simbólicos que reflejan la influencia masónica.
La puerta de metal negro, adornada con el árbol de la vida y la letra griega
omega, así como varios símbolos relacionados con el Rito Escocés Antiguo y
Aceptado y la inscripción «Diego Ponte del Castillo» en el dintel, son algunos de
los detalles que invitan a la reflexión y la contemplación. Cabe nombrar que
inicialmente contaba con una cruz céltica que coronaba el monumento, pero
que en algún momento de la Historia desapareció.
Estos jardines fueron construidos por encargo de la marquesa de la Quinta
Roja, doña Sebastiana del Castillo, tras el fallecimiento de su hijo Diego en
1880, dado que por su relación con la Masonería el obispado no permitió que se
le enterrara en el panteón familiar sino en la zona del cementerio destinada a
los no católicos. Aunque finalmente obtuvo el permiso para enterrarlo en el
panteón familiar y el mausoleo nunca fue utilizado.
Diego Ponte, nació en 1840 y era hijo de una de las familias más nobles y
acaudaladas de la isla de Tenerife. Ostentaba el título de marqués de la Quinta
Roja y era, además, miembro de la Logia Taoro, de la que llegó a ser Venerable
Maestro, como hombre librepensador mantuvo frecuentes discusiones con los
clérigos de su época, lo que hizo que se le negara el enterramiento.
A través del médico y botánico palmero Victor Pérez González, su madre se
puso en contacto con el arquitecto francés Adolphe Coquet, también masón, y
le encargó el mausoleo. Fue diseñado y esculpido en Lyon, finalizando los
trabajos de su instalación en 1984. Inicialmente incluía un templete rematado
por una cruz céltica que coronaba el pequeño edificio, aunque actualmente no
existe.
Dado que finalmente doña Sebastiana pudo solventar los problemas con la
Iglesia, el edificio no fue utilizado como tumba, si no que se convirtió en un
monumento a la memoria de Diego Ponte y un símbolo de la lucha contra la
intolerancia religiosa.
Tiene gran relevancia la disposición de los caminos, fuentes y jardines que lo
rodean ya que tienen un gran valor simbólico relacionado con la Masonería.
Para algunos autores estos jardines fueron proyectados como un compendio de
la realización cósmica y humana, las siete terrazas y la multitud de elementos
simbólicos que se encuentran en ellas son la expresión de esa ascensión.
En la primera terraza destaca la fuente, con la flor de loto, de donde surge la
vida y se expande en círculos concéntricos. Si seguimos ascendiendo nos
encontramos con lo que se ha denominado la entrada al templo: los bancos
circulares con motivos geométricos y las dos columnas.
Los caminos del Jardín están decorados en algunas zonas con piedras de
colores con formas que representan el Yin y el Yang o la integración de los
contrarios. Destaca el círculo concéntrico a los pies de la segunda terraza, que
se asocia al concepto de expansión del conocimiento.
En la sexta terraza encontramos un cruce de caminos que se ha interpretado
como una cruz simbólica. Para otros autores, este es precisamente uno de los
símbolos masónicos más claros del jardín.
Finalmente, en la séptima terraza encontramos el Mausoleo.
Todo es símbolo en estos Jardines únicos en España, lo que nos invita a meditar
y nutrirnos de la energía que emana de su simbólica construcción cósmica.