¿Qué es la laicidad? (Parte II)

LA LAICIDAD ¿MÁS NECESARIA QUE NUNCA O TAN NECESARIA COMO SIEMPRE?


Un principio ético de las sociedades democráticas
En los últimos años hemos avanzado muy poco en lo que concierne a la laicidad. Tanto en la separación
de las instituciones del Estado respecto de las religiosas, por una parte, como en cuanto a la libertad de
pensamiento sin dogmatismos por otra, lo que constituyen condiciones necesarias e inexcusables para
una sociedad plenamente democrática.
Las dificultades de avance de esta opción laica se relacionan frecuentemente con el error de considerar
el laicismo (la laicidad) como una ideología hostil a la religión, error que suele ser propagado por
aquellos que no quieren la separación del Estado respecto a la religión, sino que quieren supeditarlo a la
religión que defienden como verdadera.
Tras esta posición hay un afán más o menos consciente de monopolizar la verdad y por tanto de influir
sobre el Estado con formas autoritarias o, incluso, en las versiones más radicales, acaparar y dominar las
estructuras e instituciones de una sociedad, rasgos típicos de los totalitarismos.
¿Por qué forma parte la Laicidad de los principios fundamentales de la Masonería?
La laicidad es una de las máximas de nuestro método masónico que se basa en el libre pensamiento, en
la racionalidad, en la libertad de conciencia, en la defensa de los derechos humanos y en el rechazo a
todo intento de imposición dogmática.
Por ello la masonería debe generar espacios de diálogo, promoviendo la tolerancia y defendiendo la idea
de que diferentes creencias pueden coexistir en un marco laico, al igual que en nuestras logias conviven
miembros de diversas creencias e ideologías.
La masonería femenina tiene un papel crucial: la responsabilidad de defender este principio de laicidad
con firmeza en una batalla por la igualdad y el resguardo de la libertad, asegurando que la justicia
prevalezca sobre cualquier forma de dogmatismo o imposición.
La historia ha demostrado que las mujeres han sido las principales víctimas de sistemas religiosos
impuestos desde el poder y, además, han sido las primeras sacrificadas. La mujer en un estado laico
tiene derecho a decidir sobre su vida y sobre su salud reproductiva. En un estado laico no se la discrimina
social, laboral o sexualmente y se le permite participar en todas las decisiones políticas y económicas.
Para lograr que la laicidad se asiente en nuestra sociedad, es fundamental el papel de la educación, que
debe ser un espacio neutral donde se promueva el pensamiento crítico sin influencias religiosas ni
políticas que puedan limitar el desarrollo del conocimiento. El objetivo de una educación laica es la de
formar a ciudadanos autónomos, críticos y tolerantes.
En un mundo cada vez más plural y diverso, marcado por la globalización y fracturado por conflictos
identitarios y por el resurgimiento de fundamentalismos, la laicidad emerge no como una simple fórmula
jurídica, sino como una condición indispensable para la convivencia democrática. La esencia de la
laicidad reside en su capacidad para crear un marco neutral donde la diversidad no derive en conflicto.

Se presenta, por tanto, como un principio ético fundamental que protege a la sociedad del dogma y del
fanatismo, asegurando que las decisiones públicas se fundamenten en valores universales como la
justicia, la equidad y la razón. En sociedades plurales, solo un Estado laico puede garantizar la libertad de
conciencia, entendida como el derecho a creer, a no creer o a dudar, sin coerción ni adoctrinamiento.
¿Estamos caminando hacia este tipo de Estado?

LA LAICIDAD TAN NECESARIA COMO SIEMPRE
La propagación de los discursos de odio contra la diversidad, el feminismo y la inmigración son algunos
de los retos sociales a poner en nuestra agenda actual porque se están convirtiendo en una amenaza
creciente. La laicidad frente a estos hechos debe ser nuestra respuesta procurando una convivencia

pacífica y la cohesión social. Estos discursos de odio a menudo se alimentan de prejuicios hacia grupos
sociales que, en muchos casos, se encuentran en situación de vulnerabilidad, pero no solo son una
amenaza para los colectivos directamente afectados, sino para toda la sociedad, ya que abren la puerta
a los autoritarismos.
Para enfrentar esta situación, es necesario tener argumentos convincentes y mejorar las estrategias
logrando un impacto real. Entender las inquietudes de las personas que se sienten amenazadas por
cambios sociales o culturales es fundamental para construir puentes y generar diálogo. En un mundo
cada vez más interconectado y cambiante, la laicidad puede permitir a las sociedades adaptarse a
nuevas realidades sociales y científicas, facilitando el debate y la innovación sin dogmas que limiten el
progreso. La laicidad no es un principio del pasado, sino una urgencia del presente. A la expresión “más
necesaria que nunca” habría que añadir “tan necesaria como siempre”.
En definitiva, la laicidad no es un concepto abstracto, sino una herramienta para la construcción de un
mundo más justo y libre. Y en esa lucha, la masonería debe constituirse en un bastión inquebrantable.
Nuestro compromiso es defender el pensamiento libre, la libertad de conciencia y proteger la educación
como herramienta de emancipación, sin olvidar que el único dogma que aceptamos es la ausencia de
dogma. Como masonas, es nuestro deber no solo reflexionar sobre estos temas, sino actuar en
consecuencia.