LA INVENCIÓN DE LA MASONERÍA: DÉVRIG MOLLÈS

Los orígenes de la Masonería no son ni antiguos ni medievales sino modernos e ilustrados.

La “Invención de la masonería” es la obra del historiador y masón francés y argentino Dévrig Mollès en
la que aborda los orígenes de la masonería con el rigor propio de una investigación histórica. Sitúa sus
orígenes en el contexto histórico del siglo XVIII, el Siglo de las Luces. Se apoya para mantener esta
posición en los textos fundadores, es decir, las Constituciones de 1723, 1738 y 1784 principalmente y en
los mejores especialistas de la historia de la masonería de los últimos cuarenta años.
La obra analiza los principales mitos sobre los orígenes de la masonería: sus supuestos orígenes
antiguos, medievales, templarios, monásticos…, cómo fueron inventados, cuáles son sus significados e
intenciones, cuándo y por qué fueron creados, y, tras este análisis, plantea su teoría de la invención de
la masonería como un producto de varias revoluciones que confluyeron en el Siglo XVIII, siglo de las
luces, de la ciencia y de la razón. Estas revoluciones culturales compartían ciertos rasgos con la nueva
asociación de masones: universalismo, humanismo, cosmopolitismo y libertad de conciencia. 
Tras las Guerras de Religiones del siglo XVII entre la reforma protestante y la contrarreforma católica y
en un contexto de profundo cambio cultural, surge la masonería moderna o especulativa. Forma parte
de un amplio proceso en el que proliferan las asociaciones como expresión de la sociedad civil que
emergía por primera vez en la historia. También es el origen de la democracia moderna y el caldo de
cultivo que, un siglo más tarde dará paso a las revoluciones de Francia, Europa y América.
Desde el principio la masonería se situó entre tradición y modernidad. Los fundadores eligieron sus
antepasados simbólicos en los gremios de constructores y artesanos ya que su recuerdo movilizaba
valores muy modernos: Regulación y justicia, ciencia y trabajo, rectitud y virtud, igualdad y mérito,
derechos y deberes, libertad y responsabilidad.

Los fundadores inventaron una tradición. El mito fundacional, según Molles, no es el de Hiram y
Salomón sino el de la Torre de Babel, símbolo de la dispersión de la humanidad. Según este mito, la
cofradía existe desde los orígenes de la humanidad para unir lo disperso y preservar las artes y las
ciencias. Su propósito era reconciliar a todos los hombres por encima de naciones, religiones, etc.
Estaban convencidos de que la humanidad podía progresar organizándose sobre bases más racionales y
tolerantes. Con el recuerdo latente de las guerras de religión, inventaron una utopía, una filosofía del
género humano.
Este cambio de mentalidad se apoyaba sobre la revolución científica iniciada a mediados del siglo XVII y
la retroalimenta. La Royal Society fundada en 1660 pretendía el mismo objetivo que asumió la
masonería en sus Constituciones, es decir, superar siglos de oscurantismo y fanatismo y enseñar “el arte
de la conversación”, garantizar la igualdad en la diversidad e impulsar la laicidad. Las logias eran
concebidas como escuelas de igualdad, como un espacio para la libertad de conciencia y un asilo para la
humanidad. La masonería fue en realidad la primera sociedad civil internacional, un centro de unión
para los ciudadanos del mundo. Dado que Europa comenzaba su expansión mundial, la masonería se
extendió velozmente difundiendo una nueva sociedad democrática, laica, cosmopolita y moderna.
El autor de “La Invención de la Masonería”, considera que ésta fue fundada por hombres ilustrados y
que sus mitos y leyendas se han convertido en una pesada carga, un folclore anquilosado del que es
preciso librarse para adquirir lucidez. Explica su posición recurriendo al concepto de “neotradiciones”,
término acuñado por Eric Hobsbawm y Terence Ranger en su libro “La Invención de la Tradición”. Estos
autores consideran que la disolución de las comunidades tradicionales sumerge a sus miembros en un
sentimiento de vacío y produce la necesidad de crear nuevas comunidades. Las neotradiciones
comparten un mito fundador, una fuente de legitimidad colectiva, una guía ético-ideológica y no son el
resultado de rigurosas investigaciones históricas sino una manipulación sobre la memoria. Sus mitos y
leyendas son muy útiles y siguen teniendo vigencia. 
La invención del texto fundador, la primera Constitución de Andersen y Desauguliers apareció en 1723
en Londres. La primera versión contiene 110 páginas y la quinta y última de 1784 tiene 484 páginas.

Desde la primera versión le atribuyen a la masonería unos orígenes remotos en los comienzos de los
tiempos y sitúan el año I en 4003 antes de JC. Se trata de una narración llena de anacronismos.
La teoría de los orígenes antiguos y remotos ya citada cumplió la función de servir a la legitimación de la
ideología del progreso y de la modernización del siglo XVIII. Los filósofos de los siglos XVI a XVIII
inspiraron esta ideología partiendo del ideal de la democracia antigua frente al oscurantismo y el
absolutismo dominante. En este ambiente cultural, la masonería introdujo la lucha por la República
humana, la fraternidad internacional, la emancipación femenina, los Derechos Humanos y la justicia
social. Así la masonería fue un producto cultural que cristalizó con la Ilustración.
La teoría de que la Masonería especulativa resulta de la evolución natural de los gremios medievales o
logias operativas que fueron mutando por necesidades de su tiempo en logias especulativas ha sido
hasta los años 70, la más influyente. Fue iniciada por Andrew Michael Ramsay que seguía un camino
cristiano-místico llamado quietismo muy difundido en la época y condenado como herético por la Iglesia
Católica. A pesar de esta condena y la de la monarquía francesa, Ramsay popularizó la idea de que la
masonería no era una fraternidad civil sino una orden de caballería. Su leyenda fue inventada en 1750 y
aparece por primera vez en un ritual masónico del grado de Caballero Kadosh. Ramsay sitúa los orígenes
medievales y caballerescos de la masonería en los monjes-soldados de las Cruzadas del siglo XII, sobre
todo, en las Órdenes militares de los Caballeros de San Juan. De ahí que las logias se llamen logias de
San Juan. 
Estos relatos se adecuaban a los gustos literarios del s. XVII y comienzos del XVIII. Esta teoría sirvió a la
causa de la reacción y el conservadurismo entre 1789 y 1830. La aristocracia prusiana buscó en el
romanticismo neomedieval un dique de contención frente a la filosofía moderna y los ideales
revolucionarios. En un ambiente cultural romántico se abrió paso una concepción esencialista como ésta
en la que los fenómenos poseían características intangibles y una esencia. Más allá de sus inicios la
vigencia de esta teoría de los orígenes medievales se encuentra en las similitudes entre los gremios de
constructores de catedrales y las logias masónicas, en sus usos y costumbres, sus herramientas y sus
símbolos. Esta teoría empieza a entrar en crisis a partir de los años 70 por las críticas de los historiadores
británicos y francesas. Hoy esta teoría está siendo reemplazada por el paradigma de la invención.
La teoría de la invención de la masonería sostiene que los orígenes de esta institución no son ni antiguos
ni medievales sino del siglo de las luces (XVIII). Confluyen en ella varios modelos organizativos
preexistentes: las sociedades obreras de socorro mutuo, las logias corporativas escocesas, las
sociedades secretas protestantes del s. XVI y las sociedades secretas católicas del s. XVII.
Las primeras logias masónicas se auto constituyeron a partir de simples clubs que reunían a hombres y
mujeres de buenas costumbres. El contexto se puede trazar con los siguientes acontecimientos
históricos: unas largas guerras de religión del siglo XVII, una revolución científica y cultural muy pujantes
y una gran efervescencia de las sociedades civiles, es decir, un nuevo mundo asociativo que fue creando
una esfera pública autónoma de las instituciones religiosas, corporativas y políticas tradicionales. La
masonería fue un producto y un agente en este proceso de transformaciones estructurales que
se denominaron Ilustración.
La masonería nace en esta sociedad en la que florecían las logias masónicas junto a otras muchas
asociaciones que compartían rasgos comunes como la crítica moral, literaria y científica, la erosión de la
tradición de modo que no sólo la Iglesia Católica y la Corona definían lo bueno, lo bello, lo verdadero y
lo justo, sino que, poco a poco, se instalan hábitos sociales fundados en la razón crítica, en el libre
examen y en la duda filosófica.
En este marco emergió la masonería moderna con un enorme éxito asociativo. Fue la asociación laica
más difundida en Inglaterra durante el siglo XVIII y se extendió rápidamente por París, Edimburgo,
Dublín, Ámsterdam, La Haya. También fue la primera asociación internacional.

La lectura de este libro resulta imprescindible para diferenciar los orígenes históricos de la masonería de
los relatos míticos y de las leyendas construidas sin ningún rigor histórico para otorgar legitimidad, valor
y relevancia a los orígenes ancestrales o medievales de la masonería.