EL JUEGO DE LA OCA

Barcelona, 1 de julio de 2024

A lo largo del tiempo, incluso bien entrado el siglo XX, se enseñaba a niñas y niños, desde que tenían capacidad de entender una trama, cuentos tradicionales que ocultaban importantes conocimientos iniciáticos transmitidos de forma simbólica. Poco a poco, los cuentos dejaron de tener sentido, porque no había tiempo para relatárselos de forma oral. Se leían algunos que había por casa o se compraban más y se prepararon ediciones que se consideraban más adecuadas para la gente menuda, empezando a elegir distintos cuentos por género, para niñas y para niños, llenándolos, a veces, de contenidos insustanciales.

Como ayuda a aquella transmisión iniciática, también se empleaban juegos, que eran muy populares, como el Juego de la Oca, hoy también bastante inusual, pero que sigue guardando celosamente su sabiduría ancestral. No se sabe cuándo ni dónde comenzó a utilizarse este juego, pero su recorrido es un trasunto, se dice, del Camino de Santiago y se pueden incluso identificar las localidades por las que discurre. La historiadora Vanesa Redondo dice que en realidad reproduce una ruta anterior, que forma parte del Sendero del Dios Jano, desde Éfeso a Finisterre y que, en España, iría del Cabo de Creus a Finisterre.

El tablero del Juego forma una espiral que se debe recorrer siguiendo lo que deparan los dados. Esta espiral está muy presente en la antigüedad, y se encuentra tanto en la cultura megalítica como en la celta o en la india.

El propio camino es significativo simbólicamente y tanto el juego como las figuras del tablero, son todas simbólicamente importantes, empezando por la oca, que da nombre al juego y está representada 13 veces hasta llegar a la casilla 63, llamada “El Jardín de la Oca”. Se dice que este número hace referencia a Santa Eulalia, cuyo martirio, según ciertos autores, muestra claramente el proceso de la obra alquímica y las fases del trabajo hermético, sobre todo la Santa Eulalia de Barcelona, aunque no parece que haya diferencia entre la de Barcelona y la de Mérida. Las fases que se describen, en ambos casos son las del nigredo y el albido. La del rubido está descrita en la subida a los cielos.

El juego nos muestra las vicisitudes de nuestra vida, avanzando, retrocediendo, con alegrías, con penas, con abandonos, con golpes de suerte o de infortunio.

La Oca es un animal sagrado en varias culturas y significa cosas diferentes, pero congruentes unas con otras. Simboliza el ascenso del alma al mundo superior y sus patas destacan por la relación entre los ángulos de las mismas, que sirvió a los constructores para diseñar las catedrales góticas y otras construcciones, al unir dos de ellas y obtener los seis radios de la Rueda. Hacen el papel de animales mitológicos como el Ruc o el Fénix, y como tal las tenemos, vivas, en la Catedral de Barcelona, en número de trece, incluso hoy día. En el tablero del juego hay trece ocas. Si se cae en una de ellas, se pasa a la siguiente y quien juega puede volver a tirar los dados.

El Puente es otro de los símbolos importantes, que no indica solo un lugar geográfico. Nos lleva de una orilla a otra de un río, aunque también representa el paso a otra realidad.

La Posada nos muestra la posibilidad de descansar, por realizar un trabajo fuera de nuestro hogar o bien al viajar por cualquier otra circunstancia.

Los Dados están presentes en muchos juegos de azar y su importancia esotérica es indudable. Si nos fijamos en los números de sus caras, seis, es la piedra cúbica de la francmasonería y también de la Alquimia. Significan la suerte, generalmente la buena suerte, pero también puede ser aciaga, por eso avanzamos o retrocedemos, según sea el caso.

El pozo, pese a que en el juego no es un buen lugar, tiene la capacidad de darnos agua, y también una simbología de buena ventura.

El laberinto, del que ya hablamos en otra ocasión, representa la maraña de pensamientos que nos encierra dentro de nuestro yo, y del que es preciso salir.

La cárcel representa todas las cárceles tanto físicas como psíquicas.

La muerte, aunque pueda parecer el fin, en realidad lo único que hace es volvernos a la casilla de salida, por lo que representa el retorno, la rotación de las almas.

Al final, llegamos a la casilla 63, en la que encontramos muchas ocas subiendo una escalera de 5 tramos. Para llegar es preciso hacerlo con el número exacto, o tendremos que retroceder. El número 63, es siete veces nueve, y ambos números están presentes en los puntos más iniciáticos del tablero.

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