BEATRIZ DE NAZARETH, Mística destacada y precursora de alguno de los místicos más reputados

Barcelona, 5 de septiembre de
2022

Nace en 1200 en Tienen (Tirlemont), en Brabante, en el seno de una familia muy religiosa. Huérfana de madre desde muy joven, su padre, piadoso y rico, ayudó a fundar tres monasterios, Florival, en Bloemendaal en 1210; Vallis Virginibus en Maagendaal, en 1221 y el de Nazaret. Fiel a su religiosidad, cuando Beatriz se queda huérfana, la llevan a la escuela de las beguinas de Léau, en la que recibe una esmerada educación. Cursará con éxito el Trivium y el Quadrivium. Sabía latín, leía a los padres de la iglesia y hay constancia de que tenía una extensa biblioteca personal.
Beatriz de Nazaret merece un puesto en la Galería de Pioneras de la Gran Logia Femenina de España porque es la primera autora que escribe prosa en neerlandés, o al menos su tratado es el texto más antiguo encontrado en esta lengua, aunque será la gran Hadewijch de Amberes la que elevará esta lengua a categoría de lengua culta.
A los 15 años ingresa como novicia en el monasterio de Bloemendaal, junto con sus hermanos y su padre. Un año después es enviada a La Ramée, donde aprenderá caligrafía e iluminación, y conocerá a Ida de Nivelles, también copista e iluminadora de libros, a la que la unió una gran amistad. Dicha amistad incluía admiración y respeto mutuo, de manera que Beatriz se dejaba aconsejar por Ida y, pese a la separación impuesta, Beatriz e Ida se escribieron continuamente, aunque no se conservan las cartas, y ambas se citan una a la otra en sus respectivas Vidas.

De nuevo en Bloemendaal, profesa como monja a los veinticinco años. Más tarde, se va con su padre y hermanos a Nazaret. Fue maestra de novicias durante dos años y, posteriormente priora hasta su muerte el 29 de agosto de 1268. Su relación con otras pensadoras no se reduce a Ida de Nivelles, sino que se sabe de su estrecha relación con la beguina Odile de Lieja, Santa Cristina de Bélgica, Christina Mirabilis, Margarite d’Yprés, Ida de Lovaina, Lutgarda d’Aywières y con la beguina Juliana de Cornillon, cuya vida fue escrita por la reclusa Eva de Saint Martin. Es decir, había una comunidad de mujeres que pensaban y escribían, y compartían sus pensamientos y prácticas.
En el tratado Siete maneras de amor de Beatriz, están claramente presentes los dos tipos de mística, la llamada de la esencia y la llamada mística nupcial. Comienza con el concepto neoplatónico de la emanación y regreso a Dios: “Hay siete formas de amor que provienen de lo más alto y que a lo más alto vuelven”.
La primera forma es la del deseo que nace en el alma buena, la segunda la del amor gratuito, la tercera la del dolor, la cuarta la del gozo, la quinta la de la furia amorosa, la sexta la de la quietud y la séptima forma es la del amor eterno, amor sublime que desborda cualquier amor humano.
A Beatriz se la considera precursora de alguno de los místicos más reputados, como Ruusbroec, aunque quizá es preciso revisar el concepto de “precursora”, como ocurre también en el caso del Maestro Eckhart y “sus precursoras” Matilde de Magdeburgo y Margarita Porete, pues tal como suele presentarse, parece que ellas eran pensadoras menores frente a los grandes místicos, cuando en realidad, las grandes son ellas y ellos se limitan a tomar los contenidos de las obras escritas por sus antecesoras.
Beatriz de Nazareth nos interesa porque supo seguir su propia senda en una situación en la que todo la obligaba a llevar una vida diseñada por otros para ella, consiguiendo la excelencia personal y logrando hacer realidad, mediante el magisterio que extendió a sus compañeras y a sus amigas, un clima de estudio, comprensión y amistad verdadera y produjo para sí y para ellas una vida muy rica en matices y en conocimiento. #GLFE #MasoneríaFemenina

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