Gran Logia Femenina de España

BIENVENIDA a la GLFE

Por Nuria Fuertes Abella
Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España

Quiero daros una fraternal bienvenida a nuestra página web y deciros que las Hermanas se reemplazan en sus oficios para continuar con su deber y su compromiso, por eso seguimos avanzando. Nunca habría imaginado que me encontraría hoy aquí, pero, como dice nuestra Querida Hermana Paquita, Nuestra Gran Maestra Honorífica: “si la vida y el Gran Arquitecto te han puesto aquí es que algo debes hacer y aprender”.

Así pues, agradezco a la vida, al Gran Arquitecto y a mis Hermanas que me den la oportunidad de afrontar un nuevo reto y aprender. Es una responsabilidad que no habría aceptado si no supiese que soy solo una Hermana más entre todas las de la GLFE.

A las Hermanas de la GLFE quiero agradecerles la confianza que depositan en mí. Las que más me conocen saben que voy a poner todo mi esfuerzo en el trabajo, intentándolo hacer con toda la ilusión, prudencia, templanza y equidad de la que soy capaz. Me han dado su confianza y yo lo acepto porque también confío en ellas y entiendo que ese es uno de los secretos de la francmasonería: nunca podrás recorrer bien el camino si pretendes hacerlo solo.

Todas nosotras somos piedras distintas que intentan pulirse, de forma y manera que encajen perfectamente en un edificio inmaterial. Pero no podremos llevar a término esta construcción sin la voluntad explícita de “conocer”, porque quien tiene sed de conocimiento es dúctil, abierto, fraterno y sabe colocarse en la piel del otro. De este modo, la diferencia nos enriquece y podemos conseguir la unidad en la diversidad. ¿Qué obra resultaría de nuestros trabajos si todos fuésemos iguales y opináramos lo mismo?

La Masonería nos facilita los instrumentos para lograr una construcción de piedras desiguales hermanadas por un mismo substrato espiritual y, por ello, sabemos que no hay libertad posible sin el respeto a la diferencia, que no hay igualdad si no consideramos a los que discrepan de nosotros como iguales y que no existe la fraternidad sin superar las diferencias para potenciar lo que de común tenemos.

De este modo la “Cadena de Unión universal” que tanto significa para las masonas toma forma a través de nuestros ideales compartidos en cualquier parte del mundo y también con todas las Hermanas y Hermanos que pasaron ya al Oriente Eterno, porque sin ellos quizás nosotros no estaríamos hoy aquí.

Quiero mostrar mi reconocimiento a las anteriores Grandes Maestras de nuestra Obediencia, que dieron de sí lo mejor que tenían y sabían. Cuando las Hermanas de la GLFE miramos atrás y vemos el camino recorrido, nos sentimos satisfechas de nuestro trabajo. Espero que ese mirar atrás nos sirva, además, para coger impulso y progresar.

Somos una Obediencia Femenina que trabaja y debe seguir trabajando para ayudar a las mujeres a encontrar en su interior esa esencia que en cada una es propia y al mismo tiempo distinta, esa fuerza personal que las ayudará a conocerse y a ser dueñas de sí mismas. Solo así podremos proseguir nuestra obra comenzada en el Templo, dentro de una Humanidad que necesita tanto de nuestros valores y nuestra actitud de librepensadoras comprometidas, como de nuestra pluralidad de opiniones y personalidades.

Como masonas, las Hermanas de la GLFE nos sentimos obligadas a proseguir fuera del Templo nuestra obra comenzada en él y por ello, como mujeres de hoy y cada una a su manera, nos sentimos comprometidas, por un lado, con el esfuerzo de tantas mujeres que luchan por sus derechos y por una sociedad libre de roles preestablecidos y, por otro, con las mujeres que en el pasado se han visto olvidadas por la Historia, aunque su trabajo haya sido encomiable.

La esencia de la Masonería supera el tiempo y el espacio y por eso nuestra Tradición siempre resultará adecuada al momento en que vivimos, son las circunstancias las que cambian en una sociedad muchas veces violenta y fanática que necesita de nuestros principios. Por ello, es necesario que las masonas aprendamos en nuestras Logias a superar la rutina y la autocomplacencia para trabajar bien nuestra piedra y mostrar al mundo la actitud adecuada a nuestro compromiso.

Debemos seguir trabajando en pro de la utopía. Vivimos en un mundo que cambia muy rápido, donde, en general, la competencia feroz prima sobre la ayuda mutua y la manipulación es un arma sutil que solo podremos afrontar si nos esforzamos en promover la reflexión propia, nacida de una razón libre, pero  filtrada, al mismo tiempo, por un corazón respetuoso y sincero. Nuestro compromiso y nuestro ejemplo puede ser como el efecto que produce una piedra lanzada al agua y podremos vivir de acuerdo con nuestras convicciones y nuestra conciencia. 

 

He dicho,

Nuria Fuertes Abella

1 de julio de 2018

 

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